Negocios centenarios (I): Ultramarinos Ceferina devuelve la alegría a Las Lagunillas

Son las once de la mañana y la céntrica calle Lagunillas respira tranquilidad. Excesiva tranquilidad. La crisis ha hecho golpeado con fuerza a una de las vías que contaba antaño con más vida comercial del centro histórico de Málaga. Esa pausa contrasta con la actividad en los alrededores de la tienda de Francisco Ferrer y José Martos. Tras su fachada vetusta, algo desaliñada y dañada por el paso del tiempo se esconde un histórico establecimiento. Es Ultramarinos Ceferina, que acumula casi 140 años con sus puertas abiertas. Con ellos, Territorio Málaga comienza una particular sección en la que repasará algunos de los negocios centenarios que han sobrevivido a innumerables crisis económicas y a todas las dificultades.

Comenzaba el último cuarto del pasado siglo en Málaga. Se afrontaba los postreros años de esa época con una bajada importante de la actividad económica de la ciudad. En uno de los arrabales en la zona norte de la ciudad -donde la Inquisición instauró su sede y cuyo origen se remonta a la época de la conquista de los Reyes Católicos- abría sus puertas una tienda de ultramarinos. Lo hacían Ceferina y Rafael. Nada hacía presagiar que ese simple gesto sería el comienzo de una fructífera historia en la que han tomado parte tres generaciones de dependientes y de clientes.

Una historia fructífera

José Martos señala con mucho orgullo a una de las clientas que aguardan la cola en el comercio: “Nosotros hemos atendido a su madre durante muchos años y ahora a ella”. Ese es uno de los secretos: la fidelidad de un barrio humilde, en el que han sabido ganarse su confianza y en el que la tradición de acudir a la tienda se ha pasado de abuelos a padres y de padres a nietos.

José Martos, uno de los copropietarios de Ultramarinos Ceferina.

José Martos, uno de los copropietarios de Ultramarinos Ceferina.

Muchas han sido las crisis y muchos los cambios que se han sucedido en estos años, lo que no ha puesto en peligro el negocio. Murió Rafael y Ceferina se quedó al frente de la tienda. Después fue su hijo quien heredó la particular ‘despensa’ del barrio de Las Lagunillas, hasta que se jubiló. Fue el momento en el que Francisco y José, que habían acumulado años de experiencia como empleados, se quedaron con la explotación.

Han resistido en una zona que pasó de ser uno de los principales ‘mercados’ al aire libre de la ciudad a convertirse en barrio marginal según la Unión Europea. Negocios que siguieron los pasos de Ceferina y Rafael acabaron sucumbiendo y otros que también abrieron más recientemente también se vieron obligados a cerrar sus puertas.

¿Cuál es el secreto?

Pero, ¿cuál es el secreto para sobrevivir todo este tiempo? La constancia y ese trato cercano, recuerdan ambos propietarios. La gestión es a la antigua usanza y ésta también se adapta a la situación económica actual: “Algunos clientes nos pagan por meses o cuando pueden”, recuerda Francisco.

¿Y el futuro? ¿Cuál será? Les quedan dos años de alquiler para seguir explotando el negocio. Aún no hay planes escritos, sólo quieren pensar en el día a día. Así han resistido casi 140 años y a un buen puñado de crisis. Mientras tanto, seguirán devolviendo la alegría a un barrio que la perdió hace tiempo.

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Periodista. De origen jienense, pero con vida malagueña. El optimismo, mi mejor arma.

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