Los ‘invisibles’ que luchan a diario por recuperar el timón tras años sin hogar

  •  40 luchadores siguen batallando en el Hogar Pozo Dulce para devolver la normalidad a sus vidas tras años sin hogar

  • Hoy duermen en las calles de Málaga más de un centenar de personas

Pepón sonríe mientras escribe en su libreta en uno de los talleres de Hogar Pozo Dulce. / T.M.

Pepón sonríe mientras escribe en su libreta en uno de los talleres de Hogar Pozo Dulce. / T.M.

Pepón tiene 59 años. Durante muchos años fue encofrador en la obra. Asumía muchas responsabilidades y, en muchas ocasiones, le gustaba llevar la voz cantante. Hoy se afana en escribir en su cuaderno en blanco en el Hogar Pozo Dulce, un centro dirigido por Cáritas Diocesana para personas sin hogar. Es el duro camino que siguen muchos de esos ‘invisibles’ que, con crisis y sin ella, siempre estuvieron ahí y que luchan por recuperar el timón.

“No me atrevía”, reconoce Pepón. Como muchos, no se planteaba acudir a un centro, a pesar de estar durmiendo a la intemperie, de haber perdido todo. Dos años, más de 700 días y noches, se hicieron muy largos. Acabó llamando a la puerta. Continúa con el largo proceso de recuperarse, de retomar su vida.

Un proceso en el que el Hogar Pozo Dulce es un pilar fundamental. En 2001, cuando aún el desahucio era un desconocido para muchos y no era titular en los telediarios, abrió sus puertas en la calle Pozos Dulces entre La Goleta y el casco histórico. Quería servir de hogar para quienes lo habían perdido. Sus 40 plazas se fueron cubriendo por personas para las cuales la calle había sido su casa durante mucho tiempo. “Es un hogar de larga estancia y para personas muy desestructuradas, en situación crónica y con dos problemas fundamentales: enfermedad mental y alcoholismo”, explica Remedios Romero, trabajadora social encargada de recibir a todos los que, como Pepón, acaban llamando a la puerta.

Un proceso largo y difícil

Desde ese duro gesto hasta lograr una vida normal hay un camino largo y tortuoso. Son años, y en algunos casos muchos años, los que han de pasar para que quien estuvo ‘expulsado’ de la sociedad acabe formando parte de ella de nuevo. Llegan a lo que se conoce como ‘Casa abierta Betania’, donde las exigencias son escasas y el cariño enorme. Es la primera fase del proceso donde no sólo se cubren sus necesidades básicas (alimentación, control médico, higiene…), sino que se trata de motivar con distintos talleres de manualidades, teatro, informática o alfabetización. “Hay que recuperar habilidades sociales, superar adicciones, fundamentalmente, al alcohol e ir trabajando temas muy duros como el de la familia”, apunta Romero.

Debemos recuperar habilidades sociales, superar adicciones e ir trabajando temas duros como el de la familia

Todos los días son una victoria. Cuando hay muchas de esas victorias, acaba subiendo el siguiente escalón: el ‘Hogar Nazaret’. Es allí donde ya son más autónomos, más independientes. Tienen espacios más personales y más responsabilidad en el centro. La luz al final de ese túnel comienza a estar cerca. Algunos recaen y han de comenzar desde el principio. Otros logran llegar a la meta. Estos apenas llegan al 20 % de los que un día entraron por la puerta y subieron las empinadas escaleras en el número 12 de calle Pozos Dulces.

A las dificultades propias de un proceso duro y complejo se une la dura crisis económica actual. La falta de empleo hace que la recuperación de una vida normal se haga aún más cuesta arriba. “No hay un plan para salir con un trabajo y unos ingresos y eso es una dificultad enorme”, reconoce con tono de cierta resignación la trabajadora social. Aún así, muchos de esos luchadores siguen buscando una salida día tras día.

Una realidad aún ‘invisible’

A pesar de que se hayan multiplicado los desahucios en los últimos años, el problema de las personas sin hogar lleva años en un segundo plano, invisible, ignorado. Hoy en Málaga duermen en la calle 114 personas, según las cifras de Cáritas, muchas de ellas en el distrito centro. A lo largo de este 2012 más de medio millar perdieron su hogar y casi 2.000 fueron atendidos por organizaciones como Cáritas o el propio Ayuntamiento a través del albergue municipal. A todos ellos se unen los casi 150 jóvenes que en su día fueron tutelados por el Gobierno andaluz y que tras alcanzar la mayoría de edad se quedan en la calle.


Ver Atención a personas sin hogar en un mapa más grande

Estas atenciones se llevaron a cabo en la red de plazas de alojamiento, compuesta por las distintas entidades que participan en la Agrupación de Desarrollo para Personas sin Hogar. En concreto son 234: 108 del Centro de Acogida Municipal, 56 de Cáritas, 25 de San Juan de Dios, 15 de Accem, 16 de Málaga Acoge y 10 de R.R. Adoratrices.

El futuro

Las personas sin hogar irán en aumento y esta lacra irá a más, según reconoce en el Hogar Pozo Dulce. “Ya se está viviendo un repunte importante y en los próximos años más”, advierten. En muchos casos, inmigrantes que arribaron a Málaga en busca de una vida mejor y que se ven en la calle ante la falta de empleo y de oportunidades.

Son los invisibles de la sociedad, siempre han estado ahí y muchas veces no los hemos visto

“Son los invisibles de la sociedad, siempre han estado ahí y muchas veces no los hemos visto”, explica Remedios. No ha sido un problema del que haya habido una importante consciencia social. No la ha habido. Además, se ha unido cierta desinformación: “Confundimos a la persona que vive en la calle, que lo ha perdido todo con la que ejerce la mendicidad; por eso decimos que están ahí porque quieren y eso no es cierto, están ahí porque lo han perdido todo”. A la luz de esots datos, Remedios advierte de que sigue faltando sensibilización y concienciación social.

Mientras siguen siendo invisibles, día tras días ganan pequeñas batallas. Pepón continúa levantándose por la mañana y con ganas de mantener intacta su lucha en el Hogar Pozo Dulce. “Yo soy feliz”, dice entre risas.

Sobre el autor

Redactor

Periodista. De origen jienense, pero con vida malagueña. El optimismo, mi mejor arma.

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