Negocios centenarios (II): La ‘número 1′ de las administraciones de lotería

Más de cien años y tres generaciones después, el número 3 de la calle Martínez, en pleno centro histórico de la ciudad sigue abriendo sus puertas para repartir suerte entre los malagueños. Lo hace en el momento más complejo para un negocio que ha pasado de ser un refugio en época de crisis a casi un ‘lujo’. Su propietario actual, Mario Espejo, ha recogido el testigo que tomó por primera vez su abuelo a principios del pasado siglo. “El secreto está en tratar al cliente casi como un amigo y eso en la lotería es relativamente fácil”, admite junto a la cola que se arremolina en la entrada del establecimiento para hacer las últimas compras antes del Sorteo de El Niño.

Al igual que negocios como las farmacias, las administraciones de lotería suelen ser más propicias para la tradición familiar y, por tanto, para la pervivencia en el tiempo. En el caso de la Administración de Lotería que regenta Mario, son tres las generaciones de una misma familia que gestiona uno de los establecimientos más antiguos de la ciudad. El primero fue su abuelo, que comenzó a vender los primeros cupones de lotería en una pequeña caseta en la céntrica Plaza de la Marina. Pero unos años más tarde, cuando se llevó a cabo la remodelación de este enclave, fueron trasladados a la calle Sánchez de Lara, junto a la Plaza de la Constitución. Ya en 1953 fueron ubicados definitivamente al emplazamiento actual: la calle Martínez.

La Administración lleva desde 1953 en la calle Martínez. / T.m:

La Administración lleva desde 1953 en la calle Martínez. / T.M.

Con este bagaje comercial a las espaldas, esta no ha sido la única crisis a la que ha sobrevivido. Fueron muchas las que se quedaron en el camino, aunque ésta sí ha cambiado una tendencia que se repetía una y otra vez: el miedo ha vaciado los bolsillos y ha hecho crecer la prudencia en los compradores habituales. “Tradicionalmente, en la época de crisis la gente jugaba más a la lotería; en esta ocasión por primera vez se está notando también en una menor compra”, explica Espejo, quien reconoce que en el Sorteo de Navidad ha visto reducidas casi un 9 % sus ventas.

Pese a ese ‘tropezón’, en el camino han quedado muchas pequeñas alegrías repartidas en forma de premios. La última fue el pasado 22 de diciembre, cuando el 11.419 fue uno de los quintos premios en el Sorteo de Navidad. Mario vendió diez décimos de ese número, es decir, 60.000 euros entre sus clientes. Pero, el hito más importante fue en 1967 cuando fueron una de las administraciones protagonistas, pues vendió el ‘Gordo’ de ese año.

De padres a hijos y nietos

Cada vez es más complicado que un negocio perdure durante décadas gracias a la herencia familiar. Especialmente cuando se habla de pequeños comercios. En el caso de las administraciones de lotería, suele ser más sencillo, pues se trata de un negocio “estable, con el que se puede vivir bien”. La historia de Mario no iba a ser menos: son tres generaciones pero no muy tarde se convertirán, con toda probabilidad, en cuatro.

El siguiente que tiene la ‘obligación’ de mantener la tradición es el hijo. Será dentro de “ocho o nueve años”, cuando el padre se jubile. ¿Está asegurada la supervivencia familiar del negocio? “Espero que mi hijo me suceda a mí; la vida ha evolucionado mucho, pero probablemente siga la tradición”, explica, mientras recuerda que el futuro administrador es uno de esos 300.000 emigrantes altamente formados de España (trabaja en una multinacional petrolera americana en la República Checa).

Antiguamente, en la época de crisis la gente jugaba más a la lotería, se movía más, aunque era una época con menos juegos que ahora

Y, ¿cómo cambia la gestión de una administración en 100 años? “Ha habido cambios tremendos”, afirma con rotundidad. Cuando terminó sus estudios, llevó la contabilidad del establecimiento mientras su madre era la titular. “Era algo horroroso, había que rellenar muchísimos papeles; a finales de mes había que entregar un estadillo exacto de cómo estaba la situación de la administración”, explica. Ahora, las nuevas tecnologías e internet han facilitado enormemente la tarea

La lotería, ‘termómetro’ de las crisis

Es una de las administraciones con más paso de gente. / T.M.

Es una de las administraciones con más paso de gente. / T.M.

A lo largo de estos años, la lotería se había convertido en el termómetro de la situación económica. Cuando subía la ‘fiebre’, se confiaba en la suerte para salir del atolladero y recuperar la salud en las finanzas. “Antiguamente, en la época de crisis la gente jugaba más a la lotería, se movía más, aunque era una época con menos juegos que ahora”, admite el propietario.

Pero esta crisis económica ha roto todos los esquemas previos. Cinco años después, ha acabado manteniendo ese papel de medidor de las dificultades económicas, pero de manera contraria a la de antaño y similar a la de otros sectores: si los obstáculos a diario son más altos, ya no se confía tanto en la suerte. “Es más por un elemento psicológico que otra cosa; en muchos casos se trata de gente que tiene una situación económica más desahogada y que está gastando menos”, según Mario, quien cree que esta “psicosis” está haciendo más daño, incluso, que la crisis en sí misma.

Los ingredientes para sobrevivir

Pese a ser un negocio más o menos estable y con un carácter familiar muy marcado, mantener abierto durante más de cien largos años un establecimiento ha traspasado la frontera de la heroicidad. ¿Y cuáles son los ingredientes para lograr esa supervivencia? El fundamental es la familiaridad que ofrecen desde hace años a sus clientes. “Es relativamente fácil, pues sueles conocerlos a ellos o a sus padres y abuelos, pero es importante establecer esas relaciones de amistad”, advierte.

En definitiva, un buen servicio al cliente que haga perdurar la tradición y que cuatro generaciones distintas gestionando un mismo negocio no sea una utopía, sino una realidad.

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Periodista. De origen jienense, pero con vida malagueña. El optimismo, mi mejor arma.

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