Otro lunes al sol… “hasta que aparezca la luz” del empleo

La Oficina del Servicio Andaluz de Empleo de Avenida de Andalucía. / T.M.

La Oficina del Servicio Andaluz de Empleo de Avenida de Andalucía. / T.M.

El reloj marca las 10:00 de la mañana. Es un lunes que ha amanecido frío, pero en el que vuelve a lucir el sol. Los malagueños, como el resto de españoles, encaran la sexta cuesta de enero de la crisis económica. Muchos de ellos aún tienen el regusto agridulce de una Navidad en la que pidieron un empleo para empezar a salir de un atolladero demasiado largo. En el número 27 de la Avenida de Andalucía, en el centro de la capital, se congregan decenas de personas, de historias con nombres y apellidos que reflejan la parte más cruda de esta situación.

Fuera de esta Oficina del Servicio Andaluz de Empleo, algunos apuran su cigarrillo y otros conversan animadamente. Dentro, en un espacio de no más de 30 metros cuadrados más de 40 personas aguardan su turno. Hay un retraso de casi una hora. Pero no hay quejas. No hay voces, ni reclamaciones. Se entremezclan los silencios largos con algunas conversaciones. Pero sin muchas alegrías, ni algarabías. El ánimo no está para eso.

Mientras una madre sonríe a su bebé en una esquina, un señor que ronda los 50 años aguarda incómodo a que aparezca su nombre en la pantalla y termine de una vez este trámite. Todos esperan con un calor que, por momentos, se hace sofocante. “Va por días; no siempre hay tanta gente”, explica el vigilante de seguridad, que en apenas veinte minutos ha ayudado a media docena de personas en el ordenador dispuesto en uno de los extremos de la oficina para pedir la imprescindible cita previa.

Tengo esperanza de encontrar algo, aunque sea para limpiar, pero es difícil, muy difícil

Una de las que espera es Josefa. En su cara se refleja la angustia. A sus 45 años, es madre soltera de una niña y debe cuidar de su madre. Su situación económica le obliga a buscar un empleo con urgencia, pese a que ella nunca ha trabajado fuera de su casa. Lo hace en el peor  momento económico. “Tengo esperanza de encontrar algo, aunque sea para limpiar, pero es difícil, muy difícil”, explica. Se le quiebra la voz y se le llenan los ojos de lágrimas. Para ella, según reconoce, es frustrante venir a esta oficina una y otra vez sin poder encontrar nada.

Antonio protagoniza otra de las muchas historias escondidas entre esas cuatro paredes. Supera los 40 años y lleva cuatro desempleado. Acude de manera puntual a la oficina, porque prefiere renovar su demanda a través de internet. Su esperanza está agotándose, después de tanto tiempo. “La situación está muy mal, porque no hay nada ni esperas que haya nada, simplemente te resignas y punto”, reconoce con cierto tono de amargura. Ahora cobra el subsidio, aunque está a punto de agotarlo. De momento, no hay planes de futuro más allá de sobrevivir como pueda. “De momento, no tengo pensado nada, porque si haces un cursillo sabiendo que no te va a servir para colocarte, al final lo haces desmotivado”.

La situación está muy mal, porque no hay nada ni esperas que haya nada, simplemente te resignas y punto

Josefa y Antonio son sólo dos de los casi 83.000 malagueños de la capital que, según las estadísticas oficiales, demandan un empleo. Son sólo dos de todas esas historias que se esconden tras unas cifras que no han dejado de crecer desde que en 2008 estallara esta crisis (se ha multiplicado casi por dos). En el último año, casi 6.000 personas más engrosaron esa larga lista.

Llega el mediodía. Otro lunes que pasa mientras decenas de familias siguen esperando una oportunidad. “Aguantar hasta que aparezca la luz por algún lado; de momento no hay otra”. Antonio tiene claros sus planes. Aguantará y seguirá luchando. Entretanto, incluirá, a su pesar, éste como otro lunes más al sol.

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Redactor

Periodista. De origen jienense, pero con vida malagueña. El optimismo, mi mejor arma.

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