Cuatro años en busca del calor malagueño con su organillo

El bullicio en el entorno del mercado de Atarazanas, en pleno centro de la ciudad, es el de siempre. Dentro, la actividad es frenética y fuera el paso de gente es continuo. Es media mañana y la calle Atarazanas es un hervidero. En la puerta nazarí, el ruido de los carros de la compra, conversaciones y coches es adornado con la música que sale de un organillo tocado por un tipo peculiar ataviado con sombrero de paja y gafas de sol. Es Jörg, de 69 años, alemán de nacimiento y ‘paleño’ de adopción que un día vino a la capital en busca de calor y buen tiempo.

Si resulta peculiar a primera vista, sólo hay que hacer algunas preguntas para saber que su historia también lo es. Su vida comienza en el norte de Alemania, donde se dedicó durante muchos años a la organización de eventos. Su jubilación, tras la que su hija se hizo cargo de su negocio de barcas para navegar en un hotel alemán, decidió ‘entregarse’ al organillo, una de sus pasiones. Y lo hizo no sólo viajando por algunos países europeos, sino instalándose en España.

Más concretamente en el barrio de El Palo. “Yo soy paleño”, dice con orgullo entre risas mientras prepara uno de los rollos del organillo. Comenzó hace cuatro años, cuando su estancia en la ciudad fue de dos meses. La razón es que en su vivienda, un pequeño bungalow junto a un lago en esta zona norte del país germano, el invierno es insufrible. Venía buscando lo que para él es un verano. Este año es el cuarto que repite la rutina, pero ya son cinco los meses que lleva levantándose a diario frente a la playa ‘paleña’.

Muy popular en El Palo

Jörg a la puerta del mercado. / T.M.

Jörg a la puerta del mercado. / T.M.

En el centro no es alguien especialmente conocido, pues no se deja ver en muchas ocasiones (apenas media jornada una vez a la semana, siempre en el entorno del Mercado central). Sí lo es en la zona de El Palo, donde reconoce haber hecho grandes amistades. “Es muy interesante la gente de aquí, soy muy feliz”, afirma en una curiosa mezcla entre español e inglés.

Esas horas en la calle Atarazanas las complementa con muchas más El Palo, Torrox, Torredelmar o Nerja. No sólo toca en la calle, sino que lo hace también para muchos cumpleaños de niños y para demostrarlo muestra su apretada agenda en su móvil. Ese carácter de ‘trotamundos’ le ha permitido no sólo colaborar con un colegio de Kolo, en el centro de Polonia, para el que recauda parte del dinero que recoge. También ha podido participar amenizando las esperas en los conciertos del guitarrista español José d´Aragón, a quien conoció hace varios años y a quien le une una estrecha amistad.

El organillo… y el futuro

Y, ¿por qué el organillo? Es una de sus pasiones. En Alemania es un instrumento muy popular, algo que no ocurre en Andalucía. “Aunque sí lo es en Madrid”, matiza. Cierto es, pero se trata de una música tradicional con la que el malagueño no está familiarizado, por lo que no son pocas las miradas que atrae entre los viandantes.

Su sonrisa habitual durante la conversación se borra del rostro cuando se habla de la crisis económica. Reconoce que tiene a muchos amigos en Málaga sufriendo y atravesando por dificultades. “Es muy duro”, afirma con tono serio. Esas dificultades también las nota en la recaudación diaria: apenas dos euros por hora. Aunque ese no es su objetivo, ni su preocupación.

En marzo, Jörg cargará con su organillo y volverá a su Alemania natal, donde vive en un pequeño bungalow y puede disfrutar de la pesca y la familia. Dejará atrás Málaga y las calles del centro, aunque será sólo por unos meses. Volverá. ¿Y sus planes de futuro? “Vivir la vida”. No puede ser mejor opción.

Sobre el autor

Redactor

Periodista. De origen jienense, pero con vida malagueña. El optimismo, mi mejor arma.

Número de entradas : 98

Deja un comentario

Desplácese hasta la parte superior