Negocios Centenarios: La histórica sombrerería Casa Pedro Mira

Cuatro generaciones y más de 130 años después el número 18 de la calle Especerías sigue mostrando sus mejores sombreros en el escaparate. Francisco López es el último eslabón de una historia que comenzó allá por 1880 cuando Pedro Mira decidió abrir las puertas por primera vez. Hoy, Sombreros Casa Pedro Mira es uno de esos vivos ejemplos de supervivencia comercial en tiempos difíciles. Unos tiempos con sabor agridulce: los bolsillos están mucho más vacíos, pero las cabezas más cubiertas que unas décadas atrás.

En esos primeros años del negocio, el sombrero era una prenda tan extendida como tradicional. Era un signo de distinción pero, también, una costumbre popular que hacía que el negocio de Pedro Mira no temiera por su supervivencia. No obstante, no eran años fáciles, ni mucho menos. Hoy, las recomendaciones médicas, ante la mayor fuerza de los rayos del sol, y, por qué no, las razones estéticas han devuelto a estos complementos parte del vigor del pasado. “Es un negocio que ha evolucionado: en su primera época se usaba más el sombrero y ahora se lleva más la gorra”, explica Francisco.

Es un negocio que ha evolucionado: en su primera época se usaba más el sombrero y ahora se lleva más la gorra

Cerrar los ojos e imaginar un negocio con más de un siglo de historia lleva a muebles vetustos, suelo descascarillado, decoración con escasa modernidad en sus detalles… Pero, entrar en la tienda de Francisco hace pensar que el tiempo no ha pasado por ella. Un solo vestigio del pasado a simple vista en el interior del establecimiento es el que confirma su rica historia: un retrato del fundador, Pedro Mira, en una de las paredes.

Esa evolución en la imagen interior y exterior de la tienda en la céntrica calle Especerías también se percibe en los productos que exhibe. El sombrero fue, es y seguirá siendo la estrella, pero ha cedido terreno en los armarios y los estantes a cinturones, tirantes, bastones, castañuelas o guantes. ¿Por necesidad? Es una forma de diversificar y ampliar un perfil de cliente que “no tiene por qué ser mayor obligatoriamente”, como admite Francisco. La feria de Málaga o las romerías son momentos clave, en los que los encargos se incrementan y la actividad con ellos.

El interior de la sombrería, en calle Especerías. / T.M.

El interior de la sombrería, en calle Especerías. / T.M.

¿Cómo se consigue aguantar durante tantas décadas vendiendo un producto tan especializado? Es ahí donde puede estar el secreto. “El estar tan especializado puede ser una razón y, además, el trato con el cliente”, explica Francisco. Un cliente que se caracteriza por la fidelidad. “Es gente muy fiel; viene en verano para su sombrero o gorra de verano y en invierno, suele venir dos veces al año”, recuerda.

Es gente muy fiel; viene en verano para su sombrero o gorra de verano y en invierno, suele venir dos veces al año

Aún y todo, la tienda de Francisco no es un oasis en mitad del desierto. La crisis económica se hace notar en todo el entorno y también en sus ventas. Máxime cuando venden productos que, en momentos de supervivencia, no son de primera necesidad. “Sí que afecta, porque el sombrero o una gorra si no puedes comprarlo, pasas”, recuerda Francisco, quien sonríe cuando se le pregunta por la supervivencia del negocio. Sus hijos están estudiando y aún no está claro que sea heredado al igual que el sobrino de Pedro Mira o el propio padre de Francisco. “No lo sé”, se limita a decir.

Pero, mirando al presente, supera las 13 décadas abierto. Pedro Mira comenzó la andadura en esa década de los 80 del siglo XIX. No podía pensar nunca que 133 años después un señor iba a estar probándose gorras de lana para proteger su calvicie del húmedo frío malagueño. Y lo que quede.

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Periodista. De origen jienense, pero con vida malagueña. El optimismo, mi mejor arma.

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