La calle Larios, terreno casi vedado para el comercio tradicional

  • Existen ‘irreductibles’ ante alquileres desorbitados pero con cuentagotas
La calle Larios se peatonalizó hace una década.

La calle Larios se peatonalizó hace una década.

La zapatería Nicolás abrió las puertas en 1978 en mitad de la calle Larios. Era una época en la que seguía siendo una arteria fundamental del centro. Cumplía más de ocho décadas desde su inauguración, pero la peatonalización ni se había planteado aún. Ahora, 25 años después, la empresa cuelga el cartel de liquidación por traspaso. La razón: la estratosférica cifra que le pide el propietario de su local. Es uno de los muchos pequeños y medianos negocios tradicionales que han sucumbido a la otra cara de la milla de oro, la cara de las grandes marcas comerciales.

El pasado mes de diciembre, la centenaria calle celebraba un cumpleaños especial. Era el décimo aniversario de la peatonalización que marcó un hito histórico. Allá por 2002, con este país en plena efervescencia económica, el Ayuntamiento concluyó la eliminación de los coches tanto en esta calle como en la Plaza de la Constitución, no sin una contestación tanto de los comerciantes de la zona como de los residentes por los posibles efectos negativos que acarrearía. No era más que el comienzo de un proceso al que le siguieron otras muchas vías del centro histórico de la ciudad y también el principio del fin del pequeño comercio en sus locales.

Entre las consecuencias de esta primera peatonalización importante en el centro está la enorme revalorización de los ya de por sí caros locales y edificios de la zona. Las manos privadas que los controlaban se han ido reduciendo hasta que hoy, cuando un porcentaje importante lo controlan dos propietarios (la familia del empresario José Quesada, uno de ellos). En estos días se llegan a pagar alquileres superiores a los 20.000 euros al mes. ¿Qué ocurre? Que esas cifras no hacen más que expulsar a los pequeños y medianos comercios que han ido perdiendo protagonismo progresivamente.

Mientras existan precios así, sólo los grandes grupos serán los únicos que podrán entrar al trapo en el mercado

Alquiler ‘estratosférico’

La calle, repleta de gente en Navidad.

La calle, repleta de gente en Navidad.

Es el caso de la zapatería. Como le ha ocurrido a muchos negocios de la capital, se ha visto afectado por el ‘decreto Boyer’ y la caducidad de los contratos de alquiler del negocio. Eso hace que el precio que hasta ahora pagaba por mantener abiertas sus puertas en el número 3 de calle Larios se haya multiplicado por diez, según explican desde el establecimiento a ‘Territorio Málaga’. Eso ha obligado a cambiar de planes y de ubicación. Aunque lo tienen decidido, siguen sin desvelar cuál es el lugar elegido.

Al igual que Nicolás, muchas empresas han tenido que ‘emigrar’ forzosamente. Algunas se han ido reubicando en diferentes zonas de la ciudad más asequibles y otras han optado por quedarse relativamente cerca, en calles adyacentes a la inasequible Larios. “Mientras existan precios así, sólo los grandes grupos serán los únicos que podrán entrar al trapo en el mercado”, explica el presidente en funciones de la Asociación Centro Histórico, Juan Pablo Maqueda.

Los ‘irreductibles’

Se pueden contar con los dedos de una mano los negocios tradicionales que mantienen sus puertas abiertas tras el ‘desembarco’ de grandes firmas, el grueso de ellas pertenecientes al grupo Inditex. La sustitución de firmas de renombre malagueñas por las multinacionales ha sido progresiva y hoy hay pocos que resisten. La Heladería Casa Mira, que lleva abierta en la calle desde 1925, o la Joyería Aurelio Marcos, desde la década de los 40 son dos de ellos.

Es una pena que el turista que venga a la calle vea los mismos comercios que en Milán o en Roma o en cualquier otro sitio… No se muestra nada diferente ni nada que pertenezca sólo a Málaga

“Es una pena que el turista que venga a la calle vea los mismos comercios que en Milán o en Roma o en cualquier otro sitio”, lamenta María José Soria, presidenta de la asociación vecinal del centro histórico, quien cree que de esta forma “no se muestra nada diferente ni nada que pertenezca sólo a Málaga”.

Las ‘sucursales’ de las grandes firmas siguen ganando el poco terreno que aún queda por conquistar. No importa el precio, aunque sea desorbitado. Y mientras todo eso sucede, el pequeño y mediano comercio malagueño ve cómo la calle es casi terreno vedado para ellos.

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Periodista. De origen jienense, pero con vida malagueña. El optimismo, mi mejor arma.

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