Los museos ‘escondidos’ del centro

Gonzalo Fernández-Prieto vivía a caballo entre Londres y París. Hace varios años inició una particular búsqueda del lugar idóneo para exponer su colección de arte privada, en la que el vidrio y el cristal asumen un papel protagonista. Aterrizó por casualidad en Málaga. En concreto, en la calle Cabello y el antiguo barrio alfarero (San Felipe Neri). Llegó a la casa en la que hoy se puede disfrutar del Museo de Artes Decorativas del Vidrio y el Cristal, uno de esos más de veinte que abren sus puertas en las calles del centro. Uno de esos ‘escondidos’ que, junto a las marcas reconocidas, se siguen ganando un hueco día tras día.

Málaga es una ciudad de museos. Es, quizás, una de las capitales andaluzas con mayor concentración de espacios expositivos en el centro. El crecimiento de los últimos años ha sido exponencial, marcado también por la fallida capitalidad cultural en 2016. De los casi 30 que tiene hoy en sus entrañas, prácticamente el 90 % están en el casco histórico. Esa alta concentración y el liderazgo de algunos con mayor apoyo, tanto público como privado, hace que exista ese grupo de ‘desconocidos’, de lugares alejados de la masificación, que albergan obras sorprendentes y con mucho valor histórico.

Museo del Vidrio

Una de las dependencias del museo. / T.M.

Una de las dependencias del museo. / T.M.

Es el caso del espacio abierto por Gonzalo hace casi cuatro años. Está ubicado justo enfrente de la Iglesia de San Felipe Neri en un edificio histórico del siglo XVIII. En él se hace un recorrido por la historia a través de cientos de piezas con un valor histórico muy importante, no sólo de vidrio y cristal sino con pinturas, muebles y diversos objetos. La colección está repartida entre las dos plantas del emplazamiento y organizada de forma temporal. Comienza con algunas joyas de los fenicios y romanos y concluye con otras de mediados del pasado siglo, en la época más ‘hippy’. Es un particular retrato de la historia de la humanidad. “El vidrio sirve como hilo conductor para poder conocer la historia europea”, explica.

Mi gran sueño es que esta exposición sirva para crear industria, que no sea sólo una concentración de objetos bellos; tiene que servir para ayudar al artesano

Esta colección es personal y ha sido aglutinada tras herencias familiares, aportaciones de personas cercanas a él o adquisiciones. Con su exposición, no se persigue dar a conocer todas las piezas sino convertirse en el resorte que ‘revolucione’ un barrio que hoy está sumido en el más absoluto de los silencios. “Mi gran sueño es que esta exposición sirva para crear industria, que no sea sólo una concentración de objetos bellos; tiene que servir para ayudar al artesano, que puedan venir y aprender y mostrarlo al público”, admite.

En el último año, unas 11.000 personas han disfrutado de su contenido. ¿Es poco o mucho? “Este museos jamás será de enorme masificación, porque más que un museo para la visita ha de ser un centro donde llegue el artesano”, resalta, a la vez que recuerda el “boca a boca” sigue funcionando y ya en París o Londres resuena, aunque desde la lejanía, el eco del vidrio de Málaga. Y todo con un apoyo institucional escaso, pese a la compra de unas 12.000 entradas por parte del Ayuntamiento o al convenio con la Universidad de Málaga para analizar la posible revitalización de un entorno degradado. Con todo ello, mira al futuro con ilusión pese al esfuerzo económico y personal que supone abrir todos los días.

Museo de Casa de Muñecas y del Flamenco

La entrada del palacio de Carranza de Cádiz. T. M.

La entrada del palacio de Carranza de Cádiz. T. M.

Ese escaso apoyo institucional hoy es nulo para el museo que tiene abierto Voria Harras desde hace ahora diez años en la calle Álamos. Ante el importante coste económico que acarrea tener el cartel de ‘disponible’ durante todo el día, se ha visto obligada a reducir a dos horas el tiempo de visita y a eliminar una de las plantas para ahorrar en gasto de luz. Voria tiene en venta el edificio del siglo XVIII, comprado y restaurado expresamente para instalar esta colección construida durante años.

El Museo abrió sus puertas en 2003 en ese edificio. Lo hizo después de pasar por grandes capitales como Madrid y Barcelona y por la Sala de Exposiciones del Archivo Municipal de Málaga, donde “logró récord de visitas”, tal y como asegura orgullosa su fundadora. Son cerca de cincuenta casas con reproducciones únicas en miniatura de todas sus dependencias y objetos, además de cientos de juegos de época, con un gran valor histórico, que han sido recopilados por Voria durante muchos años tanto con adquisiciones personales como con restauraciones. Una casa mallorquina de mediados del siglo XIX es la pieza más antigua, pero hay desde un palacio estilo colonial (de los Carranza de Cádiz) hasta diversas casas de estilo andaluz (jienenses o malagueñas).

Cuando a Voria se le pregunta por el futuro, el rostro se le llena de incertidumbre. El edificio lo tiene en venta y ha estado en conversaciones con personas en Sevilla, interesadas con quedarse con su colección. No se plantea que sus hijos ‘hereden’ un museo que hoy es insostenible económicamente. Mientras tanto, las piezas únicas recopiladas durante toda una vida siguen a la espera de que los malagueños las disfruten en el número 32 de la calle Álamos.

Una de las salas del Museo de Flamenco.

Una de las salas del Museo de Flamenco.

Y ese problema económico no afecta al Museo del Flamenco, propiedad de la Peña ‘Juan Breva’. Este es un proyecto que va unido al de este colectivo, fundado hace 55 años, y que sirve como lugar de exposición de los objetos, piezas y obras recopiladas durante todo este tiempo. Gramófonos con decenas de años de historia, uno de ellos regalado por Pastora Pavón, conocida como ‘La niña de los peines’; numerosos cuadros del pintor malagueño Eugenio Chicano, hasta una colección de guitarras originales de los últimos 140 años con mucho flamenco en su interior.

Junto a estas dos plantas de obras, se encuentra una rica fonoteca que esconde algunas de grabaciones históricas de los mejores cantaores flamencos. “Alrededor de 4.000 discos de pizarra, de las placas antiguas, a los que se unen todas las grabaciones modernas”, explica Antonio Oliver Trujillo, vicepresidente de la peña, quien recuerda que, pese a pertenecer al colectivo, este museo está abierto al público a diario.

Otros museos

A estos tres espacios tan variopintos se le unen otros muchos. Las cofradías tienen un rico patrimonio que exhiben en museos como el de Los Estudiantes y el del Santo Sepulcro (calle Alcazabilla) o el de la Expiración (plaza Enrique Navarro).

En el antiguo mesón de la Victoria, un edificio del siglo XVII, acoge también a otro de esos museos más ‘desconocidos’ del centro como es el de Artes y Costumbres Populares de Málaga (Pasillo Santa Isabel), el Museo del Vino (Plaza de los Viñeros) o el propio Museo Interactivo de la Música (bajo la Plaza de la Marina).

Todos ellos se hacen un hueco, como pueden, en los recorridos culturales del centro de la ciudad. Unos con más éxito que otros. Pero todos demostrando que tras las grandes marcas del arte en la ciudad se esconden un rico patrimonio histórico que sigue siendo desconocido por muchos.

Sobre el autor

Redactor

Periodista. De origen jienense, pero con vida malagueña. El optimismo, mi mejor arma.

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