Del restaurante del Hotel Ritz, al comedor de la calle

Cola del comedor en el pasillo de Santo Domingo. / T.M.

Cola del comedor en el pasillo de Santo Domingo. / T.M.

18:30 h. de la tarde. Pasillo de Santo Domingo. Manuel Antequera, madrileño de 62 años, aguarda su turno en una cola de más de doscientas personas. Todos esperan su bolsa de comida diaria. Se sitúan en la puerta de las casetas de la asociación de voluntarios “los Ángeles Malagueños de la noche”. Manuel llama la atención. Es un hombre de metro ochenta y cinco de altura, bien vestido. Con sus vaqueros y polo de rayas, parece mucho más joven, y al hablar con él, da la sensación de tener la cabeza muy bien amueblada. En estos momentos, espera la prejubilación, mientras lleva cinco años cobrando una ayuda para mayores de 52 años e “intentando sobrevivir”.

A los 16 años, comenzó su vida laboral cuando entró a trabajar en el hotel Palace de Madrid. Siempre se ha dedicado  a la restauración. Camarero de profesión, ha trabajado para empresas de categoría hostelera como el hotel Ritz y, hasta hace unos años, en el mismo sector, en Oropesa del Mar.

“426 euros” es de lo que dispone tras cuarenta años cotizados en la Seguridad Social. Vive en una habitación por la que paga casi doscientos euros, confiesa que fuma, “es mi único capricho” y con el resto “intento tirar”. Al tocar el tema de las ayudas, tanto económicas como sociales, Manuel manifiesta que “ésto es marear la perdiz”. Está muy agradecido a los “Angeles”, pero no entiende como los políticos “no se preocupan y siguen mirando para otro lado; los que tienen responsabilidades no viven la realidad de la calle”.

En su cara, se refleja las ganas de vivir. Joven y robusto, tiene una actitud proactiva cuando se habla de problemas sociales y del comportamiento de los políticos. “Se podían camuflar y venir a estos sitios. Ellos ven ésto como una película, sólo se lo imaginan, viven en una burbuja”.  Cada día, va al pasillo de Santo Domingo y conoce muchas y diversas historias, se siente indignado. “Verlo en directo, es distinto. Lo que viven los ciudadanos está aquí. A mí, me puede gustar mucho las películas del Oeste, pero si nunca he ido, no conoceré como es esa realidad”, proclama Manuel.

El termómetro de la calle

Los datos ascendentes del paro y sus ya conocidas consecuencias, han originado un fenómeno de solidaridad en esta ciudad y en muchas otras. Comedores abarrotados de población de todo tipo, que sólo quiere llevarse algo a la boca. Imágenes que no se veían en este país desde hace décadas. “Los Ángeles Malagueños de la Noche”, tras cuatro años de historia, está aportando su grano de arena.

La asociación está dispuesta a dar informes a los gobernantes para ayudar en la medida de lo posible, e informar de primera mano de la realidad. “Nos gustaría tener más contacto con los organismos públicos”, sostiene uno de los voluntarios, Francisco. El crear una red de comunicación entre diferentes plataformas, ayudaría a orientar a las personas que se acercan al lugar. Asesorarían, tanto en temas “de pagos de recibos, como en otro tipo de problemas, que no es siempre la comida”, apunta Francisco.

 No pedimos nada, bastante tienen con venir aquí

Los “Ángeles” no exigen documentación alguna. “No pedimos nada, bastante tienen con venir aquí”, declara el voluntario. Este es uno de los motivos por los que la asociación no puede solicitar subvenciones. Solo, una vez al año, reciben una ayuda de unas 5.000 toneladas de alimentos procedentes de la Comunidad Económica Europea (CEE), el resto pertenece a la solidaridad de la ciudadanía malagueña, en la que se incluyen asociaciones y cofradías.

Aún así, después de todo, han conseguido bastante. El Ayuntamiento de Málaga les cedió el lugar donde se encuentran, que es vía pública. Además, el Consistorio paga la luz de las casetas y les ha prestado una nave en calle Jaboneros, donde almacenan los alimentos.

  Somos incómodos para la sociedad. La pobreza en la puerta de uno, no gusta. Se quiere lejos

Se encuentran a la espera de un cambio de ubicación, el gobierno municipal “nos ha ofrecido un solar para montar una cocina-comedor” en un futuro próximo, sostiene el presidente de la asociación, Antonio. Es una buena noticia y una mejora para todos, pero ese no es el único motivo, “somos incómodos para la sociedad. La pobreza en la puerta de uno, no gusta. Se quiere lejos”, proclama Antonio.

“Lo que aquí pasa, es un pequeño milagro”

“Del verano a hoy, se ha producido un aumento de 100 personas en la cena”, enuncia uno de los voluntarios, Francisco. A día de hoy, dan 280 desayunos, entre 1.700 y 1.800 almuerzos, y 500 cenas cada día. “Lo que pasa aquí, es un pequeño milagro”, atestigua la secretaria de la asociación, Elena Jiménez. “Aquí, nadie que viene se queda sin comer, aunque sea a deshora”, apunta Jiménez.

Llama la atención que apenas hay mujeres. La población asidua es el hombre de 40 años en adelante y muy pocos de color. Antes, “sólo venían personas de la calle, ahora abunda gente honrada de toda la vida, que ha perdido todo. El 80% son  españoles y el 20% de otras nacionalidades”, declara el presidente de la asociación, Antonio.

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Periodista

"Una palabra mal colocada estropea el más bello pensamiento", Voltaire.

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