Catorce años siendo amigos de un museo ‘fantasma’

  • La asociación creada para reclamar el Museo de Málaga en la Aduana mantiene sus actividades tres lustros después
  • Sueñan con el día en el que el centro abra sus puertas tras casi dos décadas de espera
La asociación en una visita al almacén de obra del PTA.

La asociación en una visita al almacén de obra del PTA.

Son unos amigos muy especiales, leales como pocos. Hoy rozan los 800, muchos de ellos veteranos docentes, y llevan casi tres lustros ofreciendo su amistad a un museo ‘fantasma’, que no tiene sede tras años de retrasos, de disputas políticas y de dilaciones. Aunque parezca imposible, el paso del tiempo no ha apagado la llama de su interés y su pasión por un patrimonio que sigue escondido. Sueñan con el día en el que el Palacio de la Aduana abra sus puertas con todas las obras del pueblo malagueño. Es lo único que los mantiene al pie del cañón tanto tiempo después.

Es la Asociación de Amigos del Museo de Málaga, que vio la luz el Día de los Museos de hace casi 14 años (18 de mayo de 1999). Lo hacía dos años después de que el Palacio de Buenavista, en pleno centro histórico de la ciudad, fuera desalojado para ser convertido en lo que hoy es: el Museo Picasso. Y lo hacía justo después de las cuatro manifestaciones lideradas por un movimiento ciudadano que reivindicaba la reapertura inmediata del centro cultural. Su presidente actual, Rafael Martínez, relata que hay una mezcla de sentimientos cuando se echa la vista atrás: desde una sensación de “frustración” por no haber conseguido una demanda ciudadana tan justa, hasta la satisfacción de ver cómo muchos malagueños siguen implicados tantos años después.

¿Qué hacer?

Hoy, casi tres lustros después, mantienen sus actividades y no cejan en el empeño, pese a no contar con sede física ni con grandes recursos económicos. Durante años han organizado visitas a unas obras que, en cierta manera, estaban ‘secuestradas’; jornadas sobre la colección de Bellas Artes, o viajes a otros puntos de la provincia y de otros territorios para contemplar yacimientos y restos arqueológicos de los que bebieron el Museo de Málaga. “El programa de actividades era muy corto, en un principio, por la dificultad para acceder a los fondos y decidimos ampliar la acción y conocer el patrimonio de la provincia y de fuera”, relata el presidente.

Rafael Martínez. / T.M.

Rafael Martínez. / T.M.

Además de convertirse en expertos del patrimonio artístico e histórico de la capital y parte de la provincia, han sido fieles ‘vigilantes’ de que las joyas que contiene las colecciones de Bellas Artes y de Arqueología sigan intactas, sin sufrir deterioro (hoy se encuentran en varios emplazamientos, el más importante el Parque Tecnológico de Andalucía).

Pero, ¿qué se siente siendo la asociación de amigos de un museo que, en la práctica, no existe? “A veces nos hemos desesperado y no siempre hemos estado comprendidos por la propia administración… Pero, por otro lado, la gente responde y participa”, explica Rafael, quien reconoce, con cierto tono de resignación, que el suyo es un colectivo “atípico”. “Esperemos que todo esto acabe y podamos plantearnos actividades que otras asociaciones de amigos de museos hacen”, clama.

Un poco de antecedentes

Para conocer la realidad de este museo hay que remontarse a 1913, cuando un decreto obliga a todas las capitales de provincia que no lo tuvieran a abrir un museo de bellas artes. Tres años después, en 1916, abre sus puertas en una casa de calle Císter. Tras la venta de ese emplazamiento por parte del Marqués de Larios se va hasta la Plaza de la Constitución y a mediados de la década de los 50 se ubica en el Palacio de Buenavista.

A veces nos hemos desesperado y no siempre hemos estado comprendidos por la propia administración… Pero, por otro lado, la gente responde y participa

Es en 1981 cuando se desaloja para celebrar el centenario de Picasso con una gran exposición sobre el universal artista malagueño. Cuatro años después, y tras una reforma importante, reabre de nuevo con un aspecto “más moderno” y sacudiéndose esa imagen decimonónica y algo anticuada. Pasa el tiempo y llega 1996 cuando la familia del artista firma un convenio con la Junta, a través del cual señalan con el dedo el palacio como lugar para el futuro museo. Un año después, se desalojaba.

Tras la movilización ciudadana, se confirma el Palacio de la Aduana como sede futura. Era necesaria una rehabilitación que se ha eternizado. “Es mucho tiempo para poner en marcha un museo… Es algo que ha sido utilizado por los partidos como arma de guerra y no se ha puesto interés que creo que el pueblo de Málaga merece”, advierte Rafael, quien reconoce abiertamente que lo que han hecho todas las administraciones ha sido dilatar los plazos una y otra vez. “No se ha actuado con el respeto que la ciudadanía de Málaga

Es mucho tiempo para poner en marcha un museo… Es algo que ha sido utilizado por los partidos como arma de guerra y no se ha puesto interés que creo que el pueblo de Málaga merece

En este tiempo, las reivindicaciones ciudadanas han ido apagándose poco a poco. Las fuertes voces que se alzaron a finales de la década de los 90 fueron acallándose y el clamor desapareció, aunque no tanto el sentimiento. “Quizás nos confiamos demasiado y pensamos que estaría mucho antes de lo que, finalmente, está siendo”, reconoce abiertamente.

El futuro

Tras este bagaje, ¿cómo se ve el futuro? Rafael espera que en un par de años sí se pueda abrir, al menos, una parte del enorme edificio de la Aduana: “En este tiempo de crisis tan complicado que nos ha tocado vivir, hay que tener un poco de resignación”. Hoy la obra de rehabilitación de la infraestructura está completada y ahora sólo queda la conclusión de un proyecto museográfico que fue adjudicado a principios de año y que sería, en principio, el colofón.

En este tiempo de crisis tan complicado que nos ha tocado vivir, hay que tener un poco de resignación

Desde la asociación son conscientes de que el momento actual no invita al optimismo. “Cuando se ponga en funcionamiento va a costar muchísimo mantenerlo y mientras está como está tiene un personal mínimo de conservación y unos gastos mucho menores”, reconoce Rafael. Aún así, recuerda con cierta sorna y una sonrisa algo triste en el rostro que 2015 es año electoral y que “alguna cinta se tendrá que cortar”.

Cuando se corte esa cinta y se descubra la placa conmemorativa de la inauguración se cumplirán muchos años de una amistad tan atípica, como especial, tan extraña, como fiel. “Espero que la asociación tenga un lugar preferente en ese momento”, advierte.

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Sobre el autor

Redactor

Periodista. De origen jienense, pero con vida malagueña. El optimismo, mi mejor arma.

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